Y si,
estoy enojada, pero no es tu culpa.
Tal
vez sea la última vez que te hablen con esta cantidad de pasión, de útero, de
sangre y todas esas cosas que te encantan.
Porque
aún ahora sacándote un poco de tripas y manteniendo mi boca cerrada, mi cuerpo
genera saliva para ti.
Porque
tu, que crees que eres un hijo de perra, en realidad no lo eres, o tal vez yo
tengo un magister en tipos como tú.
Aunque
justo un día como hoy, estoy convencida que eres lo mas lejano a ser alguien
malo.
Me
follaste la mente mucho antes de tocarme el cuerpo, después me follaste el
cuerpo como si quiera nadie había querido alguna vez hacerlo, y por ahí,
llegaste a follarme el corazón, aunque yo no quería y bueno, tu menos.
Así
como eres tú…
Un
hueón que se levanta y queda desocupado, que no le trabaja un peso a nadie, que
dice nunca haberse enamorado, que es incapaz de ser fiel, que cuando conoce a
una mina, ya piensa en follarse a la hermana y tirarse a la prima.
Así
como eres tu, que te acuerdas que no puedo tomar cerveza, que me miras y me
dices que tengo buen cuero, que se ríe de todo lo que digo, y que me hace reír
a mi, el mismo que el día de hoy se dio la lata de ir al mcdonald a comprarme
una triple queso y me ofreció 200 veces si quería comer su hamburguesa con él.
El
mismo que se preocupa de mi cada segundo aunque la brutalidad sea su mejor arma
en la cama.
En
volá no te conozco nada, o a estas alturas te da miedo lo mucho que te conozco.
Dices
que no mereces esas cosas que entre borracheras de verborrea he dicho que
podría darte, y a veces me paso el rollo de incluso darte el mundo, sexo salvaje
diario y que pudieses hacer de mi como te plazca, aunque eso ya lo haces.
Con
todo eso, la verdad es que creo bien poco probable que te quieras culiar a
alguien más, o que llegues a hacerlo al menos.
Pero
puedes hacerlo, anda, eres libre de hacer lo que quieras.
Incluso
podría lograr que una vez a la semana escuches a la Pozze Latina cantar mi
canción. (Gracias chiquillos!)
Tendría
a tus demonios desatados y eso es lo que necesitas. Solitos volverían a mi, sin
si quiera que les diga. Eso es lo que necesitas, y eso es lo que has hecho.
La
tercera vez que volví a tu departamento iba a despedirme, aunque supuestamente
ya me había despedido el sábado pasado después de tu concierto de rock, al
menos eso fue lo que intenté hacerme creer.
Incluso
ya me había contradicho porque Según lo pactado, ese sábado sería la única vez,
pero como no puedo controlarme, te hice una visita antes, y como soy incapaz de
controlar mi mente cuando se trata de ti, estaba ahí de nuevo, en medio del
centro De Santiago, faltando a mis quehaceres y jurando otra vez que sería la
última vez.
Siempre
que me bajaba del auto en esa esquina miraba el edificio y me preguntaba “como
chucha llegué aquí de nuevo?”
Es
como si mi cuerpo se entumeciera y dejase de pensar y solo me preocupara de
llegar de alguna u otra forma a la casa.
Aun
pienso en el primer día, en mi corriendo por Portugal, parada en Matta detrás
de unos pasteros esperando micro y después llamándote para saber cuantas
cuadras me quedaban, ¿Por qué estaba allá?, ¿Cómo fue que no me arrepentí?.
Mi mente
estaba allá contigo mucho antes de que siquiera mi cuerpo hiciera acto de
presencia en irarrázabal, es por eso que sentía la violenta inquietud de
llegar, estaba disociada y necesitaba estabilizarme. O entregarme completamente
al caos. Pero no podía estar en dos lados a la vez.
Ese
día me bajé del auto, otra vez, y venía de la pega, con vestimenta de pega,
peinado de pega y olor a pega, según yo, inculiable, según tu, totalmente
deliciosa.
la
noche anterior me habías dicho “Ponte vestido, te quiero follar por debajo de
esa faldita”, y como lo que dices es ley, me puse vestido y salí del baño, de
ese baño en donde ya había salido de colegiala.
Me
habías adelantado que me tenías un regalo de cumpleaños, y la verdad es que yo
pensaba que ojalá fuese un chocolate porque me llegó uno no más y soy golosa.
"cierra
los ojos"
Te me
acercaste y me vendaste los ojos.
Después
me esposaste las manos, me pusiste una cadena al cuello con una correa y me
pegaste infinidad de azotes con un látigo.
Después
me empujaste al sillón y con algo que en ese momento no supe que era, me
amarraste de los tobillos.
El
corazón se me salía del pecho, sentía ansiedad por que empezaras a embestirme,
sentir tus dedos adentro, algo, pero te alejabas a contemplarme, me hablabas un
par de cosas y volvías con tus manos sobre mi.
Metiste
dos dedos en mi humedad que llevaba 5 días llamándote, y me follaste duramente
con ellos, como si mi punto g fuese tu peor enemigo.
Me
levantaste y con las rodillas en el sillón me pusiste contra la pared, la misma
pared de siempre, solo que ahora mis manos estaban en mi espalda y toda la
fuerza estaba sobre mi cara, te pusiste un condón y lo metiste hasta lo mas
adentro que pudiste llegar en ese momento, soltaste un jadeo, un jadeo de
ganas, de que eso era lo que querías por tantos días y por fin lo tenías, ya no
tenías que esperar más. Ahí estaba yo, y el resto de las cosas las decidías tu.
Yo
boté un quejido, sentí un dolor en mis entrañas, el mas dulce dolor que solo tu
podías brindarme, sonreíste en mi oído y continuaste.
Estaba
imposibilitada si quiera de hacer un movimiento en falso que tu no quisieras,
todo estaba pasando tal como lo planeaste, mi cuerpo sometido hacía ti, mis
labios dándote las gracias y el sillón resistiendo una vez más.
Cuando
tus embestidas comenzaron a ser mas fuertes y mi cuerpo comenzó a ceder, me
soltaste las manos, lo que me dio las fuerzas inmediatas de apoyar los brazos,
levantar mi cola y amoldarme nuevamente hacia ti, no quería dejar de culiar por
un momento contigo.
“Podríamos
tirar así toda la vida”
Tus
palabras resonaron en mi oído así como tu miembro hacía resonar mis carnes
dentro de mi…
“…toda
la vida”.
Cuando
estaba repitiéndome eso en la cabeza, me agarraste fuertemente del pelo y me
diste un tirón que me dejó parada frente a ti, me quitaste la venda y me
moviste al dormitorio.
En la
orilla me empujaste a la cama, con una mano me hundiste la cabeza en el colchón
y subiste un pie a la altura de mi cuello, te movías como si fuese la última
vez que íbamos a tirar, y la verdad es que yo no había dejado de repetirlo.
Pero
mientras te sentía adentro y te volvía a escuchar “podríamos tirar así toda la
vida”, sabía perfectamente que iba a estar pérdida por Matta alguna otra vez.
Me
diste vuelta y me puse arriba tuyo, te encanta verme arriba porque sabes que
pierdo el control y es como si el mismísimo diablo estuviese dentro de mi.
me
pediste que te hiciera sexo oral y para mi es un gusto que no puedo dejar
pasar.
Mi
garganta se amolda a tu cuerpo y utilizas mi pelo para guiarme y hacerlo aún
mas rápido, me encanta escucharte cuando te vas, saborearte cuando te vas.
Después
de eso, y tal vez después de que yo me haya fumado un pucho, te sentaste en el
sillón y me sentaste arriba tuyo “muévete tu que a mi me duele y ya no me puedo
mover”, mi cuerpo sucumbe ante ti, estuviste pocos minutos y me llevaste a la
pieza de nuevo, de nuevo estábamos envueltos en un ambiente de sudor y sangre,
me follaste contra la pared, después contra el velador, te decía que me dolía y
mas placer sentíamos los dos de lo que estaba pasando, la sangre no nos hizo
detenernos, “te sientes bien?”, esas palabras que solo te indican que quieres
seguir aunque tu cuerpo no te apañe ningún segundo mas, nos sacamos la ropa y
te pusiste sobre mi, sin piedad, como de costumbre.
Al
tirarme a la cama había quedado mi cuerpo sobre tu libro de cabecera, Logia de
Fernando Ortega, un librazo que con lo que pesa debe ser al menos interesante.
Lo
sacaste de mi espalda y sin dejar de penetrarme, lo miraste, oh Dios, como
conozco esa mirada, lo tomaste y lo pusiste sobre mi, dos veces más adentro mío
y lo tomaste y en vez de ocupar tu mano como de costumbre, ocupaste el libro.
El
libro es pesado, y grande, y tiene muchas páginas, pero lo mínimo que hizo fue
dejarme aturdida, te miré con esos ojos de deseo, esos que hacen que se me
dilate la pupila y tu te hundas en ella, y tuve un esboce de sonrisa en medio
de todo lo que pasaba. Después me pusiste sobre ti, me empecé a tocar y me
diste un beso, un beso con desquite en el labio inferior de mi boca, gruñí y no
dejaste de succionarlo, te soltaste y grité, grite de dolor, grité porque
quería más.
Te
pusiste detrás de mí y así, como sabes que me gusta a mí, seguiste tu tortura,
tu deliciosa tortura, mientras disfrutaba me moví “perra maldita”, en un
movimiento en falso, te había hecho terminar, el triunfo es mío ahora señores.
Me he
visto caminando tarareándote canciones, canciones que no sé si te gustaría
saber que te he cantado, te he cantado desde Jack Johnson hasta, no, en
realidad no quieres saber... tu nombre me sale hasta en la sopa y la verdad es que
particularmente me ha pasado mucho con personas que se llaman como tu, en mi
vida, de hecho, eres el segundo con el mismo nombre y apellido.
Ese
día me fui de un momento a otro porque olvidé la titulación de una amiga, así
que me fumé el ultimo cigarro y llamé a un uber “maldita, me vas a dejar
tirado”, supongo que una vez que le toque a una o no?, aunque ni te imagino
yéndote y dejándome sola.
Iba
camino a independencia contando moretones y viendo que chucha diría para que me
creyeran lo que me había pasado, si no me desvestía, no tenía nada que decir,
pero el labio azul, era otro tema.
Tenía
ganas de decirle al mundo que me había encontrado a mi misma en versión hombre,
pero no podía, a duras penas podía sentarme en una silla, no estaba para
explicar más.
Llegué
a mi casa en la noche, y me acosté, me acosté pensando en ti y en el sinnúmero
de cosas extrañas que me están pasando, me acosté pensando en que me diría
Ricardo Arjona para un momento así.
¿Sabías
que mcdonald y follar es mi cita ideal?.
Te
juro que eres la combinación perfecta entre caos y ternura, entre brutalidad y
control, mis demonios aun no se han escapado tanto, y eso me llama la atención,
porque así como yo he sabido manejar los tuyos tu has mantenido al margen a los
míos.
“Podríamos
tirar así toda la vida”.
Te
escucho gruñir en mi oído todas las noches antes de quedarme dormida, te
escucho jadear, te escucho llamarme, tengo movimientos involuntarios al pensar
en ti, me he visto poniendo caras, comer bowling es mi nuevo pasatiempo.
Se que
esta entrada alimentará tu ego, sé que una de las razones por las cuales tenía
que publicarla era para eso, ¿Cuán bacán te sientes después de saber que eres
así?, ¿Cuán bacán te sientes después de haber follado así?, Te ganaste un
trofeo, te follaste a la Chica Eléctrica, aunque tampoco creo que eso sea tan
pulento, porque como ustedes saben, no soy una hueona bacán.
Ojalá
que leas esto, un poco más allá.





