lunes, 18 de abril de 2016

Hasta las patas

mi ex compañero para mi es como el prototipo de hombre ideal, tiene bastantes cosas buenas que siempre quise tener en un hombre, pero que muchas de ellas jamás las iban a tener porque me limitaba a lo que yo tengo en mis círculos, en lo que estudié y en las personas con las que me iba a seguir topando siempre debido a mi carrera.
Entonces que pasa con él, raya un poco en la fantasía, en esas cosas que uno cree que no te van a pasar, y digamos que no son muy imposibles, pero uno ve su realidad.
A pesar de que tal vez nunca pase nada más, él me enseñó como debo dejar que me quieran, aun incluso cuando para él fue otra cosa.

él tiene ese problema que es como una fantasía, es como si todos los deseos de cabra chica hubiesen convergido en un puro ser humano, es como si ese príncipe del que tanto te hablan hubiese aparecido, pero no, porque esta es la realidad, y la realidad es que el no está ni ahí conmigo.


-"cuando a uno le gusta alguien como que se tupe, no sabe qué decir"

Y yo pensaba ok eso no te pasa conmigo, pero a mí si contigo.

Después de ese encuentro sexual que tuve con mi excompañero y que se repitió durante varios días, me pasé días dándome vueltas con lo que había pasado.
Al principio me sentí bien, por fin había logrado meterme con otra persona después de mi ex, y además los sexos posteriores a la primera vez fueron mejorando considerablemente.

Pero yo me daba vueltas y solo pensaba en él, 
en cuando lo iba a volver a ver, 
a hablar, 
en esa sonrisa, 
maldita sonrisa.

Si juro que todavía me abraza cuando me quedo dormida!

Hubo un día que me preguntó si estaba en mi casa y dijo que me pasaba a ver porque tenía algo que pasarme para una amiga que tenemos en común.
Pensé en sus manos acariciándome, su sonrisa coqueta y perversa a la vez, esa sonrisa que ponía cuando me embestía porque le gustaba los gemidos que hacía.

Esa sonrisa,
maldita sonrisa.

Esa sonrisa yo prometo al cielo que hasta el día de hoy me tiene mal de la cabeza.

Me vestí y lo esperé, pasó, me miró de pies a cabeza y sonrió y se fue.
Así fue hasta que nos empezamos a encontrar en otras situaciones. Y comenzamos a acostarnos de manera seguida, y siempre era así, como si yo fuese un kinder sorpresa. Como si al sacarme la ropa debajo fuese a haber una piel distinta a la que él ya conocía.
Después de eso me invitaba una hamburguesa, y yo era el ser humano más feliz del planeta.
Me llamaba en las noches y me mandaba mensajes por el teléfono a altas horas de la madrugada.
Siempre me preguntaba cómo estaba y que estaba haciendo.
Y cuando yo prometía que no le hablaría porque ya no podía ser más evidente, sonaba el celular y se reflejaba su nombre.
Y yo, 
yo besaba la pantalla.

                                

Cuando comenzamos a vernos más él me dejó claro que no quería nada serio, ni conmigo ni con nadie, y delimitamos juntos que cosas y que no podíamos hacer.

-"no podemos ir al cine"
-"por qué no?"
-"porque relaciones como nosotros no hacen eso"

Un día me invitó al cine.
Se suponía también que no podíamos quedarnos en la casa del otro y un día pasó toda la noche conmigo.
Se suponía que no podíamos salir sin tirar, 
y si contamos habíamos salido más veces a otras cosas que a saciar la carne.

Él siempre camina más adelante que yo, debe ser porque soy como la mitad de su cuerpo y sus piernas logran pasos más largos que los míos. 
Camina, y se da vuelta y ve si vengo yo atrás, se baja los lentes de sol y sonríe. Igual me debo ver distraída, me miro los brazos, veo perritos en la calle, me preocupo de tener el vestido bien puesto.
Me avisa cuando cruzar en las calles.
Me ofrece ir a dejarme a lugares.
Ofrece tantas cosas que finalmente no sé que es lo que hay.

Ahí fue cuando de un giro mortal en el aire caí en que me estaba gustando de verdad.

Si el hecho de que la primera vez que nos acostamos no había hecho que me fuese y yo quisiera seguir acostándome con él no era prueba suficiente de que me gustaba DE VERDAD. 
Ya me estaba dando cuenta con otras cosas.
Pero él me decía siempre que el amor no es su tema, que no quiere estar con nadie, que el amor no existe o a él no le ha pasado.
Y yo con cada una de esas palabras me volvía terca, 
-"yo soy el amor que necesitas!"

Este tipo me enloquece porque cuando lo tengo en frente no sé qué decir, y yo siempre siempre tengo algo que decir.
He estado con otras personas que me miran y logran que se me vaya el enojo, o que pierda la memoria. Pero él, él es como si me hubiese tragado las palabras.
Debemos pasar horas callados porque yo no sé qué decirle. Y cuando eso pasa, pone el freno de mano y me dice "te pasa algo, no soy hueón, es obvio que te pasa algo".

Cuando me habla le respondo, y logramos entablar conversaciones, por lo general de su trabajo, de que quiere otro, de sus hobbies, y que tiene que comprar cosas para estos. Hablamos del amor, de nuestros exes. Hablamos de nuestros encuentros sexuales, y hasta donde yo sé tiene historias más memorables que yo. Hablamos de cosa cuando éramos compañeros y de anécdotas de ese tiempo.
Hablamos y yo me río mucho con él.
Pero después me viene esa angustia de darme cuenta que estoy hasta las patas y no hay nada que hacer.
No digo que yo sea mal partido. Pero con él somos diferentes.
Yo me dedico a algo opuesto a lo que hace él. Él es el tipo de gente que le quita pega al tipo de gente como yo. Es el tipo de gente que vota por aquellas personas que logran que el tipo de gente como yo esté cada día más marginado.
Vota las leyes que me van a joder alguna vez.
No tengo como conquistarlo. Aunque he pensado que tal vez en esa diferencia el encuentra algo en mi.
Aunque también considero que es probable que mi afición al sexo le atraiga y lo mantenga a mi lado, de esta manera.

No es una mala persona si. Simplemente estamos sentados en distintas partes de la vereda.
Pero les juro yo lo veo, yo lo veo y me pierdo y quiero una vida junto a él, y todos esos sueños estúpidos que tuve de cabra chica en donde quería casarme y tener hijos y tener una casa en la playa con un perro golden, juro que él los hace realidad.
Aunque sea por unos segundos, aunque tal vez esté solo pasando en mi mente, aunque sea la sensación que me deja después de abrazarme cuando estamos en la cama.
Juro que él los hace realidad.
Él me hace querer que venga a mi casa a tomar once con mis papas y que se siente a ver un partido con mi hermano aunque seamos de equipos opuestos.
Él me da esa sensación, esa sensación de ir al estadio a ver a mi equipo, de comer pan tostado en una cabaña, de quedarse en cama un día de colegio, de correr bajo la lluvia sin paraguas.

Una vez leí que cuando uno tiene una crisis de pánico tenía que enumerar colores.
Amarillo como las luces de la clínica.
Rosado como mis mejillas.
Rojo como mi pelo.
Verde como el pasto después de la lluvia.
Azul como mi primer vestido.
Amarillo como el color del primer cuarto. Ese es tu color, el color que tiene la pieza que tenía cuando era pequeña.
Jamás me has dicho "te quiero" y me imagino yo lo que me pasaría si lo llegases a hacer.
De repente estoy en los lugares más extraños y siento tu olor, tienes un perfume que se he sentido en otro lado.
En mi papá puede ser.
En mi abuelo.
Incluso en mi primer pololo.
No, aún no sé dónde.

Siempre que comemos te ríes y bajas la vista, como si fueses incapaz de mantener la mirada conmigo. Te ríes y tus ojos se vuelven forma de luna.

Quiero verte de nuevo pero no puedo sonar desesperada, quiero tenerte de la única manera que puedo aunque quisiera de otra.
Creo que el problema contigo es que sin si quiera conocernos tanto, 
después de muchos años, 
viniste 
y me abrazaste, 
y juntaste todas mis partes. 

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