lunes, 2 de mayo de 2016

Tu no me hiciste el amor

Estos días han sido un poco de mierda, finalmente todo se terminó y no he querido escribir porque escribir igual es como continuar enamorándome del tipo y necesito un punto final.
Probablemente lo volveré a mencionar alguna vez, pero quiero put my heart on this, una ultima vez y ya está.

Después de terminar una relación muy larga con Héctor, que tenía que terminar, estuve tiempo dándole vuelta en cosas sin sentido, conocí al Twittero, como no?, en cada historia hay uno de esos, y no será hoy el día que cuente de esta historia. 
Luego de él, vino mi excompañero, tampoco es luego de él, fue como él, con él, entremedio. 
Vino Twittero a liberarme de Héctor y excompañero a liberarme de Twittero.

(Excompañero) Apareció de la nada en una tarde de chelas y desesperadamente aún lucha por quedarse, no él, si no que las ganas de estar con él. 
Héctor fue un buen pololo dentro de todo, y junto con eso, el mejor amante que he tenido, supo controlar y desatar mis demonios, 
aprendió de mis juegos y aceptó mi manera de ver el sexo, 
se unió a ella y me hizo explorar límites que sabe la vida si alguna vez más los podré alcanzar. 
Era el ser más cómplice de todos. No era romántico ni era atento, pero después de ella, ha sido la única otra persona que ha sido capaz de abrir la caja de Pandora y guardar todos los males de nuevo ahí. 
Y hoy le vengo a hablar a él, para poder hablar de otro.




En realidad eso fue, nunca me hiciste el amor y no te culpo por no hacérmelo nunca, tampoco sentí la necesidad de que lo hicieras.
Estuvimos bastante tiempo JUNTOS como para que hacerme el amor estuviese en otros lados y no en un acto coital.

Me hacías el amor cuando me mirabas a los ojos y me decías que me alejara de ti porque lo que te estaba volviendo loco podía volverme loca a mí en cualquier momento. 
Y lo hizo.
Me hacías el amor cuando te comías una hamburguesa y te reías esperando mi sonrisa de victoria, me hacías el amor cuando me llamabas para felicitarme por mis notas en la universidad y por cómo hablabas de mí con tus compañeros de la u.
incluso sabía que me habías hecho el amor cuando veía como ellos mismos me hablaban a mi. 
Aún así y todo. 
Nunca me hiciste el amor.

Lo nuestro era vernos y parar el mundo, desvestirnos o incluso ni siquiera hacerlo, y entregarse al placer.
Lo nuestro era mirarnos con esos ojos que sabes que pongo e idear como esta vez juntaríamos los cuerpos sin que nadie se diera cuenta o que todos lo notaran. 
Lo tuyo era buscar mi humedad debajo del calzón antes si quiera tomar mi mano. 
Lo mío era hacerte el amor con la boca antes de preguntarte cómo te había ido en el trabajo.


Me acuerdo una vez incluso que tuvimos sexo enojados. No nos importaba recorrer nada ni mirarnos, solo querías penetrarme y ahí estaba yo esperando que lo hicieras porque estaba enojada contigo, te odiaba profundamente, profundamente como cuando el odio se sale del útero y necesitaba que justamente ahí estuvieras.

Necesitaba sentirte tan adentro que me hicieras sangrar, sentirte tan adentro que te pidiera que salieras y no lo hicieras, necesitaba sentirte tan adentro que tu sexo fuese como un analgésico para el alma.
Lo nuestro siempre fueron besos con una mano en el cuello apretándome fuerte para no dejarme ir.
Incluso cuando estuvimos separados, la atracción sexual fue lo que cuajó en nuestras almas la necesidad imperante de querer estar con el otro.
Pero no, tú nunca me hiciste el amor, y nunca tuve la necesidad de que lo hicieras.

Pasa que a veces uno cree que ha hecho algunas cosas o cree como son otras porque son situaciones que has vivido y se supone que sean así. 
Tú primer pololo es tu primer amor, aunque sabemos que no es así siempre. 
Pero en el momento lo crees, 
lo que crees hasta que amas de verdad, o en mi caso hasta que viene alguien y me dice "ella fue tu primer amor".
Creemos que la persona que nos quita la virginidad va a ser la vez en la cama que más vamos a recordar y sabemos que vivimos borrando con cada cuerpo lo que alguna vez pasó por aquí.

Creemos que porque la persona te ama, te hace el amor.
Pero no es así, al menos para mí no fue así.

Hacer el amor es como tocar un instrumento, te preocupas de que todo esté afinado, de no saltarte ninguna nota, de lograr la armonía perfecta, las manos en las posiciones indicadas para los acordes perfectos
Me di cuenta que no me habías hecho el amor cuando llegó él y me lo hizo.


Me miró con esos ojos que no son como de gato mirando a la carnicería, 
son como de un niño cuando va a abrir un regalo, 
o como cuando en la cajita feliz viene el juguete que querías, 
o cuando la torta que sirven en el cumpleaños es tu favorita. 
Él me miró como si en su vida hubiese visto a una mujer, aun sabiendo que han pasado más de las que pueda calcular.

No sabía nada de mi, el nombre, la edad tal vez, que me gustaban unos grupos de música y que siempre ocupo zapatillas.

Me dejó caer sobre la cama como si supiera más de mi.

Quiso sacarme la ropa y rápidamente lo hizo sin apartar sus ojos de los míos, como apreciando la lujuria que comenzaba a crecer entre nosotros y no queriendo perder ningún segundo de eso. El estaba vestido y yo completamente desnuda.
Me miró, por dos segundos tan profundos que logré ver como sus pupilas se dilataban. Apagó la luz y se sacó del bolsillo un condón.

Comenzó a besar mi cuerpo como si lo hubiese memorizado en ese corto momento en que se me veían los colores. No dejó ningún lugar sin besar, sin lamer, sin morder. 
Estaba por todos lados.
Me besó el entrepierna y pensé que iba a explotar pero no pasó, sus habilidades en el área no eran tan altas como su capacidad de lograr abrazarme con el calor de su cuerpo.
Se levantó, abrió el condón y con un rápido movimiento ya estaba adentro mío.
Me arqueé y solté un suspiro que juro lo tenía guardado desde las entrañas, subió la mirada y me respiro mientras yo tragaba aire.
O inentaba hacerlo.
Se movía y se aprendía mis movimientos, mis gestos, yo suspiraba distinto y él volvía a hacer lo mismo para escuchar de nuevo ese mismo gemido, jugaba con mi agitación, componía una melodía en base a mis más primitivos sonidos. Después de un buen rato disfrutando de como me miraba con esa agonía de querer hacer todo lo que pasaba por su cabeza pero como si el tiempo no nos fuese a alcanzar, y de sentir como no era ajeno a nada de lo que yo hacía, terminó

Terminó, y yo no me fui, pero sentía una satisfacción inexplicable respecto a lo que había pasado.
Se bajó y rodó a mi lado, pasó un brazo por debajo mío y me acerco con una fuerza inmensa, refregó su nariz en mi pelo, metió una pierna entremedio de las mías y puso su mano en mi cintura, apretándola y acariciándola.
Yo era un bollo, no atiné a abrazarlo porque estas cosas no me pasaban a mi. A mí no me habían abrazado después de tirar. 

Y no estoy diciendo que eso signifique que te hagan el amor.

Me miró, sonrió y cerró los ojos apretando mi cuerpo de nuevo contra él.
Creo que fue ese momento donde me enamoré perdidamente de su sonrisa, de cómo me sonreía a mi. 
Tú no me hiciste el amor porque cuando él me lo hizo me hizo sentir que era lo más preciado y precioso que había dentro de la pieza, no tuvo piedad conmigo o con mi cuerpo en el sexo, pero fue delicado para sopesarlo. 
Me agarraba como si quisiese que no me fuera, a pesar de que poco le importa si lo hago.
Me hizo sentir especial en un mar de mujeres, y lo hizo cada segundo mientras estuvo conmigo.
Sentí que me amaba aunque no es así ni lo será. Fue capaz de tener esa conexión conmigo, esa conexión que tienen las almas y que es inexplicable, porque sabes que no es amor, que el corazón no está jugando, pero sabes que no es solo sexual, porque has tenido sexo 300 veces mejor.


Me di cuenta que él me había hecho el amor porque aún así sin llegar al climax, me sentí completa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario